Columna de opinión: El abandono del patrimonio
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Hace unos días, en una actividad con alumnos de la Escuela Juan Antonio Vera Díaz de Apeche, revisamos fotografías antiguas de Queilen. Una de las imágenes correspondía a la visita del Presidente Eduardo Frei Ruiz -Tagle a nuestra comuna, en julio del año 1999.
No siempre viene un presidente a estas tierras y ese día fue especial: se inauguraba el flamante Centro Cultural Refugio de Navegantes, obra diseñada por los arquitectos Edward Rojas y Lorenzo Berg.
Ese día hubo música, honores bomberiles y mucho orgullo local. Queilen lucía una gran obra arquitectónica que, junto al Museo Rosamel Bórquez, sería un punto de encuentro para fortalecer el tejido social, promover la identidad local, democratizar el acceso a la cultura, acoger expresiones artísticas y resguardar la riqueza patrimonial queilina.
Durante años, este lugar fue sagrado pero hoy vive un abandono sobrecogedor.
El mismo día de la actividad con los niños de Apeche, decidí ir a pasear por la costanera con mi hija y vi como tristemente nuestro centro cultural sucumbía al abandono: volaban la latas del techo, el pasto crecía en las cumbreras, las canaletas estaban oxidadas y las tejuelas se descamaban lentamente.
Pero esto no solo es el paso del tiempo, no es solo la degradación natural de materiales, es un síntoma de algo mayor: es desidia. Este abandono es sistemático, es fruto de una conducción comunal (no solo actual) que no valora el patrimonio cultural y mucho menos lo preserva y potencia.
Ý el abandono es visible: Las goteras de la Biblioteca Pública “Helia Sandoval”, que dañan una importante colección de libros; el deterioro del muelle “Santiago Gómez Gómez”; el museo cerrado y empolvado; el descuidado mirador del cerro; la desaparición de los letreros camineros que entregaban información sobre los sectores rurales; el desconocimiento y desprotección de los conchales históricos del Estero Mechay; los ignorados fósiles de árboles del sector de Detico (del último periodo glacial) y una serie de otras situaciones que no mejoran el panorama.
El abandono del patrimonio cultural físico - no me quiero meter con lo intangible como las artes, los saberes, la memoria y la historia porque me va a dar depresión - también es culpa nuestra, por no exigirle a nuestras autoridades (alcaldes, concejales, encargados de cultura, dirigentes y otros) estar a la altura. Aquí no solo estamos perdiendo el esfuerzo, cariño y riqueza heredada de nuestros antepasados, sino que estamos sacrificando nuestro presente y empobreciendo nuestro futuro.
Pero hay esperanza. En Apeche vi niños y niñas muy interesados en la historia y el patrimonio e imagino que hay en la comuna muchos más que valoran el patrimonio cultural. La clave es la educación. Fomentar identidad, generar conciencia, despertar la curiosidad, promover la participación, acercar la cultura a todos los rincones, hablar de diversidad cultural y enseñar sobre normas y responsabilidad individual sobre el cuidado de los bienes públicos, puede ser un inicio.
No creo que haya que esperar un proyecto Fril o un PMU para cambiar un techo o tapar una gotera, mucho menos para renovar una tabla. Aquí necesitamos intención y compromiso. Mediante políticas públicas locales y acciones formativas en las que participen las comunidad y líderes locales podemos comenzar a avanzar en la valorización, salvaguardia y gestión del legado cultural y natural.

Invito a nuestras autoridades, dirigentes locales, vecinos y vecinas a cuidar lo nuestro. Que el viento y la lluvia no degraden lo material, que la falta de tiempo no descuide nuestras identidades colectivas y que la memoria histórica no sucumba con el pasar de los años. El momento es ahora: el momento de proteger nuestro patrimonio.
Por: Camila Cárcamo Sepúlveda
Periodista
Queilen, abril de 2026.


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